El humilde oficio de ser el portero de nuestra persona.

Juan Manuel Rodríguez.

Agosto 2011.

Si repasamos la historia de la Filosofía, veremos que hay una permanente polémica sobre el origen del conocimiento. Unos, la mayoría más reconocida, piensan que el conocimiento obtenido por los sentidos de modo directo es o poco fiable o sólo inicial, porque el verdadero conocimiento está en la razón y las ideas, o en la elaboración posterior que se hace con el conocimiento obtenido por los sentidos. Otros, minoría a lo largo de la historia, pero minoría muy significativa a partir del siglo XVIII, subrayan el valor del conocimiento obtenido por los sentidos, el único válido para llegar al verdadero conocimiento. Marshall McLuhan, de cultura sajona, está más en esta segunda línea empirista que en la primera.

El valor de los sentidos en el proceso de comunicación, y por tanto, en una filosofía de la comunicación, es muy importante. El esquema del proceso comunicativo propuesto en la mitad del siglo XX reducía al ser humano a ser receptor o emisor, sin tener en cuenta cómo recibe, con qué instrumentos o capacidades, y que sucede en su interior antes o después de recibir el mensaje. En este proceso los sentidos, el sistema perceptivo total, es un elemento de capital importancia en el análisis de la comunicación. Shannon y Weaver propusieron un esquema demasiado simple y reductivo para aplicarlo al ser humano, en el que un emisor codifica un mensaje en un medio y un receptor lo decodifica. Tiene el valor de que puede ser aplicado a máquinas, animales o humanos, pero, ya entre los mismos seres vivos, este proceso comunicativo no recoge todos los matices de la comunicación.

En el ser humano, la comunicación es un “complejo” de gesto, palabra, situación, etc., de modo que el modelo telegráfico anterior queda superado por un modelo orquestal de comunicación  propuesto desde la Psicología o la Antropología. En una comprensión humana y global de la comunicación, no sólo un sentido, por ejemplo, el auditivo, realiza la función de receptor en una conversación con otra persona. La postura del cuerpo, los gestos de la cara, la mayor o menor apertura de la pupila… están formando también parte de la comunicación, de modo, que la persona en su totalidad está participando en el acto comunicativo.

“Las palabras son hermosas, fascinantes e importantes, pero las hemos sobrestimado en exceso, ya que no representan la totalidad, ni siquiera la mitad del mensaje. Más aun, como sugirió cierto científico:  Las palabras pueden muy bien ser lo que emplea el hombre cuando le falla todo lo demás” (Flora Davis)

La adquisición de una totalidad sensorial, y su actividad en conjunto, es el resultado de un proceso evolutivo en el ser vivo para hacerse más capaz de comunicación. Hemos ido asumiendo logros de anteriores etapas evolutivas, llegando ha hacer inconscientes muchas actividades receptivas. Este hecho es importante tenerlo en cuenta al preguntarse por las razones de los cambios culturales. La influencia de nuevos medios culturales puede ser consciente en parte, pero nuestra receptividad tiene zonas inconscientes que también se ven afectadas por esos medios, y poco a poco van cambiando nuestra sensibilidad, creando nuevas formas de comprender, acordes con los medios que se van imponiendo.

Sin embargo, los cambios culturales no pueden ser comprendidos desde un solo factor. Es más fácil dejarse llevar por teorías o ideologías como factores de cambio, que por medios o instrumentos de la cultura, como factores de cambio también. ¿Quién ha favorecido realmente el cambio cultural, la idea o el medio?

El protagonismo que tiene la receptividad sensorial en la adquisición de información y conocimiento, en la adquisición de ideas, hace sospechar a muchos pensadores, también hoy en el siglo XXI, que los medios o instrumentos culturales son más decisivos en el cambio que las mismas ideas. Son ellos los que afectan directamente a nuestras entradas sensoriales, y éstas, la totalidad sensorial, es la que “informa”, “moldea” , “modula” lo que captamos.

Una visión rápida de la evolución de los seres vivos en el ámbito de la adquisición y diversificación sensorial ayudará a comprender la importancia del complejo instrumental perceptivo que ha adquirido el ser humano.

En el progreso evolutivo aparecen sucesivamente las formas que luego harían posible la comunicación: las estructuras sensoriales, las propiedades somáticas formales (pulmones, laringe, etc.), el enriquecimiento de los trofismos (relaciones biológicas básicas), la vida gregaria y la capacidad de gesticulación…

…la comunicación se inició con los primitivos organismos unicelulares, dado que también estos  podrían procesar alguna clase de información, que es la esencia de la comunicación. Podrían al menos delinear sus entornos para saber lo que era nutritivo o no nutritivo. Pero sus mensajes eran químicos. Nadie ha grabado la historia de la comunicación, del gran salto hacia adelante desde el plano de la información química hasta el de los animales capaces de captar información con sus órganos de los sentidos y transmitir señales con sus cuerpos.” (Schramm, Wilbur. Hombre, mensaje y medios. 1982)

Desde los primeros pasos de la evolución, los organismos vivos unicelulares pueden ser concebidos como emisores y receptores. Y más aún, los elementos que integran esos organismos pueden asumir esa doble función, ya que el universo “es una prodigiosa fuente de formas… y de información, es decir, de formas en viaje que pasan sin dejar la menor huella, tanto a nivel macroscópico, como a nivel microscópico intracelular. Toda la realidad está transida de “formas” que pueden ser “informadas” para convertirse en “comunicación”. La realidad, en esencia, es la posibilidad de la comunicación.

Las etapas de la evolución biológica se han desarrollado primero a nivel químico, con participación activa del agua, en el que se genera el protoplasma; un segundo nivel en el que se originó la célula desde la anterior etapa protoplasmática; después la evolución celular hasta que se formó el primer animal; y por último, un cuarto nivel ya físico también en el que apareció el ser humano (Aspectos físicos y biológicos de la comunicación. Mario García. Anthropos. 1984). Cada nivel ha ido integrando en sí al anterior, por lo que el esquema comunicativo inicial, en el nivel químico, se ha ido asumiendo y complicando desde las estructuras moleculares hasta los animales más complejos. Por eso los científicos se sorprenden al encontrar una gran analogía entre el modelo de comunicación del lenguaje humano y el modelo de comunicación  celular en la transmisión genética.

La vida misma de la especie y de los individuos es posible únicamente gracias a la clave genética de la cual el profesor FRANCOIS JACOB nos dice: la sorprendente analogía observada entre la herencia y el lenguaje parece debida ante todo a la convergencia de exigencias distintas nacidas de funciones vecinas. Las resoluciones adoptadas en ambos casos son similares por ser las más sencillas, quizás las únicas posibles… la lingüística ha proporcionado un excelente modelo a la genética...” (Teoría de la Desinformación. María Fraguas de Pablo. Alhambra. 1985)

Las formas básicas de relaciones biológicas, a nivel molecular,  protoplasmático o celular, se realizan en el ámbito de las relaciones químicas; pero es en el nivel superior animal, cuya unidad inferior es la célula, donde el comportamiento de las distintas especies evoluciona determinado de manera directa y mutua (comunicación) por la presencia y actividad de otras especies. De “que las especies han entrado en contacto mutuo como forma natural de actividad biológica determinante del fenómeno evolutivo, se deduce la consecuencia de que con ello se ha establecido la consecuencia básica necesaria… para que exista la posibilidad de un ulterior surgimiento de la comunicación” (Aspectos físicos y biológicos de la comunicación).

El segundo paso decisivo para la aparición de más posibilidades comunicativas fue la conquista del nivel físico de ondulaciones visuales y acústicas: Así se pudo convertir el mundo que rodeaba al ser vivo en un mundo de color y sonido. La percepción de estas características no tenía sentido en los anteriores niveles evolutivos, pues su aprovechamiento del entorno era suficiente con una primitiva capacidad táctil, si es que así podemos llamarla, ya que el ambiente se les presentaba uniforme, “ciego y sordo”

Esa “primitiva tactilidad” funcionaba en el nivel químico por contacto directo: Hoy la tactilidad humana sigue siendo el contacto directo, pero no en el nivel químico, sino en el nivel físico. Restos de la primitiva tactilidad en el nivel químico es el sentido del gusto, prolongación interna del sentido del tacto, al igual que el sentido del olfato, pero desde otra perspectiva. El sentido del tacto es el más primitivo, es la base sobre la que se han ido formando los demás sentidos externos, y donde se han ido integrando los aspectos comunicativos y relacionales que la evolución ha logrado.

“Los sentidos” , en las primeras etapas evolutivas, necesitaban estar en contacto con el alimento para capturarlo. el campo estimulativo se fue ampliando por la presión de los agentes externos. Así aparecieron otros sentidos, como la vista o el oído.

La finalidad que ha dirigido la aparición de los diversos sentidos ha sido una mejor adaptación al medio para asegurarse la supervivencia. Toda nuestra capacidad y actividad sensorial es la base de la comunicación y la relación, y, a la vez, es la razón de nuestro cambio permanente. Los mensajes que recibimos o emitimos pasan por los sentidos, y hacen algo más que “pasar”, nos transforman. Los medios o productos que se originan al emitir mensajes están afectados y a la vez afectan a nuestro complejo perceptivo, están conformados a nuestros sentidos, y a la vez nos conforman. Están en la misma base de nuestra evolución y transformación.

El fluir constante como identidad. Cambio cultural en la obra de Marshall McLuhan.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

Abril. 2011.

La cultura es por esencia cambiante. La cultura está en constante evolución; lo contrario es que está muerta. Así lo veía McLuhan. Todo lo que consideramos estático en la cultura es una abstracción lograda por el predominio de la vista, el ojo: “El ojo, en efecto, tiende a inmovilizar el objeto para verlo mejor. El ojo abstrae las cosas convirtiéndolas en palabras. El espacio visual es estático (como la fotografía) en el sentido de que él es una abstracción, mientras que el espacio acústico es dinámico, en el sentido de que él está vivo…” (Otro hombre, otro cristiano en la era electrónica. McLuhan y Babin)  No tenemos párpados en los oídos para cerrarlos cuando queramos, nuestro oido está siempre abierto.

Los sentidos, nuestra capacidad perceptiva, juega un papel importante en la dinámica cultural. ¿Consciente o inconsciente?

La cultura occidental, desde su origen griego, se ha basado fundamentalmente en la percepción visual: se cree lo que se ve, no lo que se oye. Ha tenido en la escritura, y posteriormente en el libro, su soporte de transmisión, un soporte visual.

Por otra parte la búsqueda de lo inmutable, lo eterno, de lo que sea razón de ser de todo, ha sido una constante en los pensadores occidentales, al menos hasta el siglo XX. Pero “esa cultura que diviniza lo estático, se ha mostrado la más dinámica“. Por el contrario, la historia y la antropología manifiestan que culturas ágrafas, basadas en la tradición oral, han evolucionado poquísimo, tendiendo a desaparecer o a ser absorbidas por la cultura visual de occidente. ¿Por qué esta situación?

Una cultura con un soporte estático no tienen miedo a desaparecer, y puede abrirse a todo tipo de cambio. Sin embargo, una cultura acústica, con soporte dinámico, es más reticente al cambio, y está condenada a morir porque depende de la memoria individual de sus componentes humanos.

Lo que ha ocurrido en el último siglo es que la cultura occidental está no solo cambiando, sino transformando profundamente sus soportes de transmisión. Por ello, el soporte dominante, la vista concentrada y disciplinada en la linealidad del texto de un libro, comienza a tener otros competidores: la radio y el teléfono con el oído, la vista interactuando con el oído en la televisión y el cine, el tacto y la vista interactuando en los juegos electrónicos… “Empujando imprudentemente (?) las posibilidaddes de la técnica, la cultura greco-romana u occidental podría haber desencadenado las fuerzas que están a punto de destruirla (?)” ¿El progreso de la técnica es imprudente? ¿El constante cambio es anuncio de destrucción?

Cuando las artes dieron el viraje de visión a sonido, de la organización de la experiencia visual a la acústica, el tempo y el ritmo de nuestra cultura se alteraron como si un LP (disco de vinilo long play) que estuviese girando a 33 revoluciones por minuto hubiese sido puesto de golpe a 78 revoluciones por minuto” (Contraexplosión. McLuhan). La cultura auditiva es más lenta cuando depende de la memoria de sus individuos, pero ¿qué ocurre cuando lo que se transmite oralmente se puede grabar y puede ser fijado en un soporte técnico como antes se hacía en el libro por la escritura?

La cultura es acumulable ahora indefinidamente, en múltiples soportes, orales, escritos, simbólicos, figurativos, etc… El contenido acumulable es transmisible de generación en generación. La dinámica cultural está en la transmisión y en el soporte de transmisión: “el medio es el mensaje“. En el siglo XXI el número de medios es cada vez más amplio, y seguirá aumentando. Contenidos y medios “hasta el infinito y más allá“… el ser humano del siglo XXI no solo necesita más capacidad de asimilar contenidos, sino de adaptarse a los nuevos medios. Heterogeneidad, creatividad, descentralización, multipolarismo, diversidad, etc… serán los adjetivos  que definirán la nueva cultura.  En La Galaxia Gutemberg reflexionaba McLuhan diciendo lo siguiente: “…pero a fin de que no se infiera que estos efectos de la cultura de la imprenta son “una cosa mala”, consideramos más bien que la homogeneidad es por completo incompatible con la cultura electrónica. Vivimos hoy en el primer periodo de una era para la que el significado de la cultura escrita se está haciendo tan extraño como el significado de la cultura del manuscrito lo fue para el siglo XVIII. “Somos los primitivos de una nueva culturar” dijo en 1911 Boccioni, el escultor. Lejos de querer achicar la cultura mecánica de la época de Gutemberg, estimo que debemos ahora esforzarnos mucho por conservar sus logrados valores…” La propuesta de McLuhan no es ruptura, es evolución, y evolución acumulativa .

La cultura, en su constante y profunda metamorfosis rompe fronteras internas y externas, y ahora más con las múltiples posibilidades de sus soportes. En Internet, por ejemplo, los contenidos más especializados se codean con los contenidos populares. Esto no va a ser abogar por una “midcult”, todos iguales, se acabaron las élites intelectuales y los analfabetos… Ni las élites intelectuales van a desaparecer, ni lo popular va a ser el criterio de lo valioso. No va a ser más importante culturalmente la coca-cola que el descubrimiento de la vacuna contra el SIDA, porque la primera sea más popular y tenga más publicidad. El problema está en que los medios de comunicación pueden hacernos creer que es así. Si los dejamos, los medios se convierten en el mensaje.

Lo que sí es verdad, es que los nuevos medios de comunicación electrónicos, internet, están poniendo el total de la cultura, antes reservado a élites, al alcance de cualquiera. En ese nuevo ambiente cultural, desbordante de conocimientos, puede haber desde el horario de RENFE hasta una explicación de las fórmulas de la física de Einstein. Las barreras internas de la cultura se han roto, de modo que, en teoría, hoy podría ser fácil lograr una cultura enciclopédica, como los sabios medievales, dejando las especializaciones, cada vez más “afinadas” y “sutiles” para las élites de vanguardia.

McLuhan reflexiona con G. S. Bett que lo que está pasando es que volvemos a ser un poco como los primitivos, respecto a la adquisición del conocimiento. Hay tanto que recoger, está tan al alcance de la mano, que ya no nos preocupan los contenidos, sino cómo recogerlos. el saber se entiende como astucia y posesión de ingenio, como Ulises, vencedor con su mente sobre la enorme materia y sus contratiempos. En educación esto se ha traducido en insistir más en los procedimientos que en los contenidos. “Sabiduría es así la capacidad de vencer las dificultades de la vida y alcanzar el éxito de este mundo. Este concepto, todavía en los años 70 del siglo XX entraba en conflicto con la mentalidad “libresca”, el saber es el estudio y memorización de los libros, la cultura de la imprenta. Pero ahora el saber es inabarcable, “no nos cabe en la cabeza”, por eso hay que aprender a buscar… actividad propia de internet.

Un divulgador de la obra de McLuhan, P. Sempere, decía que éste había aplicado el análisis “highbrow” (el cejas altas, el intelectual) a la cultura “lowbrow” (el cejas bajas, el superficial). McLuhan parece predecir la aparición de una nueva cultura “middlebrow”, donde todos están juntos: “Ya no existe hiato entre los negocios y la cultura (entre los pragmáticos y los intelectuales), sino que la cultura es nuestro negocio“. En 1970 McLuhan publica el libro Culture is our business compuesto de breves textos y anuncios de revistas. Es una realización práctica de la nueva cultura. Ésta ya no está sólo en los libros, ni reservada a las élites, si se rastrean todos los medios actuales de comunicación se revelará, se manifestará en todos ellos, tanto la “alta” cultura, como la cultura popular. Aunque en otra línea, el Plan Bolonia propone una “Sociedad del conocimiento”, en la que también “la cultura es el negocio”, término este último entendido como el trabajo fundamental de la nueva sociedad, la “sociedad de la información y la comunicación”. Sigue McLuhan de fondo en las nuevas propuestas.

La dinámica cultural rompe barreras internas, y también externas. La cultura se ha hecho accesible a todos, al menos a todos los que pueden disponer de uno de los múltiples y variados medios de comunicación actuales. “Ahora podemos vivir no sólo anfibiamente en mundos separados y distintos, sino plural, simultáneamente en muchos mundos y culturas. No estamos ya más sometidos a una sola cultura -a una proporción única de nuestros sentidos- … a un solo libro, a un lenguaje, a una tecnología. Culturalmente nuestra necesidad es la misma que la del científico que trata de conocer el desajuste de sus instrumentos de investigación con objeto de corregirlo. Compartimentar el potencial humano en culturas únicas será pronto tan absurdo como ha llegado a serlo la especialización en temas y disciplinas… Pero es cierto que los descubrimientos electromagnéticos han hecho resucitar el campo simultáneo en todos los asuntos humanos, de modo que la familia humana vive hoy en las condiciones de aldea global.” (La Galaxia Gutemberg). Otra “profecía” de McLuhan, la aldea global, la globalización como modelo de análisis de la situación social actual.

La posibilidad que nos está brindando la nueva tecnología de poder participar, conocer, experimentar, vivir las diversas culturas de la humanidad es la antesala de la aldea global, el lugar de encuentro de todas las culturas humanas (¿no es eso internet?). Esta posibilidad de total interconexión es una situación cargada de ambigüedades. Está demostrando que, por ejemplo, los valores humanos no se están incrementando más, la paz, la libertad, la justicia, el amor, la verdad… no se incrementarán más, pero al menos se están conociendo mejor en todos los lugares, y se está manifestando dónde se los considera y donde no, qué culturas los promocionan y qué culturas los limitan…

Estamos en el momento de poder hablar de la Humanidad sin dejarnos perdido a nadie. El problema es la “parrilla” informativa que cada medio destaque. Siempre habrá culturas con menos presencia que otras… pero ahí estarán, si quienes las poseen pueden ponerlas a disposición de todos.

La aldea global, aunque parezca lo contrario, no va hacia la cultura única. La red no tiene puertas que cierren o enclausuren, y si las hay siempre hay “violadores” que las quieren traspasar. Las multinacionales comerciales pueden tener mucha fuerza informativa, pero nunca la tienen toda, porque la red está siempre abierta y encendida: la realización más patente de la propia capacidad comunicativa humana: siempre abierta y encendida.

Esta ruptura de barreras externas de la dinámica cultural nos hace de nuevo a los humanos ser recolectores de información, analogía de la labor de nuestros primitivos antepasados: ” En la era de la información instantánea, el hombre llega al final de su labor de especialización fragmentada y asume el papel de colector de información. Hoy día la recolección de información reasume el concepto inclusivo de cultura, exactamente como el primitivo colector de alimentos trabajaba en total equilibrio en su ambiente. En este nuevo mundo nómada y “sin trabajo” nuestra presa es el conocimiento y el discernimiento de los procesos creadores de la vida y la sociedad” (Understanding Media. Comprensión de los medios)

Este es el principio fundamental de una filosofía de la comunicación, que el ser humano, no solo ahora en la era de la información, sino en toda su trayectoria de existencia como especie homínida, ha sido un recolector y acumulador de información, que ha convertido en cultura, cuando la información se pudo transmitir de generación en generación. Sobrevivir, satisfacer necesidad, ser humano es estar “al día”, tener la información necesaria. La cultura siempre ha sido nuestro negocio. Primitivamente el ser humano buscaba  información para saber los mejores lugares de caza, los mejores pastos. En una especialización posterior buscó las mejores formas de cultivo y las plantas más apropiadas para ello. La cultura se fue acumulando en los medios para recolectar, cazar, cultivas, manufacturarr, fabricar… La información parecía un medio para un fin. Pero las materias primas (caza, pesca, cultivos…) eran significativas, se habían elegido, eran la  información para la supervivencia, eran los signos culturales primarios, ecológicos. los componente de la información. El sector primario dió base al sector secundario, y éste al sector terciario (sector fundamental de las sociedades modernas a partir del siglo XX), y hoy, en el siglo XXI, la información ya no se camufla en forma de materias primas, manufacturas, relaciones e instituciones sociales, la información se ha hecho protagonista por sí misma. Es el nuevo sector que a todos (primario, secundario y terciario) engloba: la información.

La cultura es “dinámica comunicativa”, proceso de información”, “torbellino de signos”. Los procesos de cambio cultural son actividad informativa y comunicativa del ser humano. El cambio cultual es protagonizado por el ser humano. Nuestra cuestión pendiente es la conciencia o inconsciencia del proceso.

Quitarle las capas a nuestra cebolla.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias. Marzo 2011

La cultura es el medio de comunicación del hombre; no existe ningún aspecto de la vida humana que la cultura no toque o altere” (Edward T. Hall). Antes, en el número 6, hemos analizado tres formas básicas culturales y su función comunicativa (los objetos, las relaciones de parentesco y el intercambio de bienes); a medida que el ser humano ha evolucionado, se han desarrollado las formas culturales, hasta tal punto que en nuestra sociedad occidental hemos llegado a sustituir, sobre todo en los ambientes urbanos,  la naturaleza misma por elementos culturales. La ciudad es un hábitat creado por el ser humano, en el que la naturaleza “pura” se utiliza como adorno, está culturalizada.

La cultura es medio de comunicación y es extensión comunicativa de las facultades del ser humano, para satisfacer sus necesidades, sustituyendo lo que de modo “natural” ofrecía la naturaleza, que ya no es tal, sino sólo ámbito natural domesticado. La humanidad se ha hecho una cebolla compuesta de numerosas capas.

“Lo que tuvo lugar desde el primer animal capaz de comunicarse en ambas direcciones hasta el primer ser humano capaz de comunicarse… fue un proceso continuo de ampliación sensorial para captar más información, haciendo sus mensajes siempre más intercambiables, más desligados de sí mismo, tanto en el espacio como en el tiempo. Considerado este proceso, la metáfora de Marshall McLuhan sobre los medios de comunicación como prolongaciones del ser humano es correcta, aunque dicho proceso tenía lugar ya mucho antes de que existiesen cualesquiera medios de comunicación tal como los conocemos en la actualidad.”

La dinámica comunicativa que describe W. Schramm referida a los medios de comunicación es la misma que se puede ver en los elementos de la cultura. Estos, sean objetos, relaciones o ideas, en sentido amplio, son medios de comunicación, no solo con los demás seres humanos, sino con la naturaleza, el medio que le rodea, el pasado, el presente y el futuro.

El ser humano se vale de modelos para controlar, dominar y aprovechar la naturaleza. a la vez, esos mismos modelos le valen para comprenderse y mejorarse a sí mismo, para conocerse. Los medios de comunicación entendidos como prolongaciones del propio ser humano, son, a la vez, los modelos para controlar y dominar la naturaleza.

Como todo organismo vivo, el ser humano altera el ambiente en el que vive. Realiza dos procesos: uno de exteriorización, a base de mecanismos adaptativos, y otro de interiorización, de control interior  (Edward T. Hall).

Por medio de las extensiones el ser humano se adapta con velocidad creciente al medio sin cambiar aparentemente su estructura básica corporal: si no existiesen los ordenadores, ¿qué tamaño debería tener nuestro cerebro en la actualidad para poder gestionar y organizar toda la información que hoy día controla la cultura humana? Además, teniendo en cuenta la característica de modelo modificable de toda extensión, siempre en permanente perfeccionamiento, el ser humano está modificando y perfeccionando su propia cabeza, modificando y perfeccionando su extensión. Al sacar fuera lo que tiene dentro y poder manipularlo, puede desarrollarlo mejor. “Una vez que algo es exteriorizado, es posible verlo, estudiarlo, cambiarlo, perfeccionarlo y, al mismo tiempo aprender cosas sobre sí mismo” (Edward T. Hall).

Las extensiones mejoran una función concreta del organismo. Ponen de manifiesto el proceso del que surgen. De este modo, son tratadas como algo distinto de quien proceden, y separadas de quien las utiliza. Llega un momento en que adquieren identidad propia. La cultura, conjunto de todas esas extensiones, sigue el mismo proceso.

La extensión hace posible que se puedan compartir los talentos humanos. El lenguaje, por ejemplo es extensión del pensamiento humano: un ensayo o una novela son el modelo cultural, cuando salen del ser humano que las creó tienen vida propia y son asimiladas o cambiadas por otros seres humanos. Estudiando las extensiones estudiamos al ser humano. En las extensiones se manifiesta el ser humano. Las extensiones son modos de comunicación del ser humano.

Aunque también se abre una incógnita. Toda extensión no es la totalidad del ser humano, lo cual puede llevar a equivocarnos sobre el mismo. Toda extensión es una reducción, un modelo. La extensión delata al ser humano que la crea, pero no a todo el ser humano.

El proceso de crear extensiones fragmenta al ser humano, crea una visión artificial, superficial del mismo. Solo ayuda a descubrir quién es, pero no nos lo descubre en su totalidad. Y además, el ser humano no es consciente muchas veces de ese desvelamiento interior en la extensión. La cultura, conjunto de modelos de exteriorizar sus facultades se convierte en su “traidor” o delator.

Nosotros los occidentales estamos enajenados de nosotros mismos y de la naturaleza (por las progresivas exteriorizaciones y posteriores interiorizaciones). Padecemos de ciertas ilusiones, una de las cuales es que la vida tiene sentido; es decir, que estamos cuerdos. Mantenemos esta opinión a pesar de las masivas  pruebas en contra (las contradicciones de nuestra sociedad y nuestra cultura). Vivimos vidas fragmentadas, compartimentadas, en las que nos velamos cuidadosamente las contradicciones unos a otros (decimos “una cosa es el amor, y otra los negocios”, por ejemplo).  Se nos ha enseñado a pensar linealmente (en la enseñanza y en los medios de comunicación) y no globalmente (donde las contradicciones impedirían comprender la realidad), y así lo hacemos, no por ningún propósito consciente, ni porque seamos inteligentes o capaces, sino debido a que las profundas corrientes culturales ocultas estructuran la vida mediante una serie de procedimientos sutiles pero muy coherentes (para cada modelo lineal, no para la globalidad), que no se formulan en el nivel consciente”. (Edward T. Hall en Más allá de la cultura).

Vivimos manipulados por nuestras propias extensiones. Corremos el peligro de perdernos en la maraña que ser humano ha creado entre él mismo y el ambiente que le rodea… la extensión se confunde con el proceso extendido, la extensión anula a su creador, el ser humano.

Toda cultura es un sistema complejo de extensiones. La naturaleza ha evolucionado a menor velocidad que el propio ser humano. Y lo poco que ha evolucionado lo ha hecho provocado por las extensiones del ser humano. El ser humano corre el peligro de que sus extensiones adquieran tal independencia que le controlen a él y deje de ser el protagonista de la cultura. Es el momento de recordar lo que dijo el profesor Gevaert: “La cultura objetiva (las extensiones) no es precisamente una realidad que exista independientemente del hombre que habla (comunica). Solo es comprensible dentro del ámbito general del hombre que dirige directamente su palabra al otro (hombre)” . ¿Es posible hablar de cultura cuando el ser humano ha sido anulado? La cultura no puede perder el “contexto humano”. Entender la cultura como comunicación, como el contexto de diálogo y relación entre seres humanos, es impedir que la cultura se convierta en solo extensión y maraña que ahogue y anule a los seres humanos.

Los medios o elementos culturales son ciegos. Solo el ser humano libre y consciente los puede humanizar. Ese es el permanente reto del cambio cultural. ¿Teleología cultural?

 

Génesis de la cultura. Las palabras y las cosas.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias. Marzo 2011.


 

En el principio no había ni cosas ni palabras.

No había ni palabras ni cosas.

Todo era naturaleza, ciclo eterno, espontaneidad, instinto…

Sólo cuando el ser humano adquirió conciencia de sí

y de lo que le rodeaba. Sólo entonces…

Nacieron las cosas, y con ellas, las palabras.

Nacieron las palabras, y con ellas, las cosas.

¿Qué fue primero? ¿Las palabras o las cosas?

¿Las cosas o las palabras?

García Márquez en Cien Años de Soledad parece inclinarse por las cosas cuando dice:

El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.”

Nosotros no le vamos a dar preferencia a ninguna de las dos:

Cuando algo se distinguió como cosa,

a la vez, en el mismo momento,

nació una palabra.

Cuando algo fue designado con una palabra,

a la vez, en el mismo momento,

surgió una cosa.

Y las cosas se juntaron entre sí,

Y se hizo el mundo, el cosmos, lo ordenado.

Y las palabras se juntaron entre sí,

Y se hizo el pensamiento y el lenguaje.

Y los seres humanos pudimos hablar de las cosas con palabras

Y los seres humanos pudimos crear palabras para designar las cosas.

Este fue el nacimiento de la cultura.

El “Arjé” de la Realidad. Filosofía de la Comunicación. (Parafraseando filosóficamente a Umberto Eco).

Juan Manuel Rodríguez Iglesias. Marzo 2011.

Realidad es lo que se revela o lo que es revelado por el ser humano, lo que se aparece o lo hacemos aparecer. En ambos casos, la realidad es lo que se comprende o lo que es comprensible, esto es, tiene un significado para quien lo descubre o lo despliega, porque existe aquello que tiene “sentido”, significación, y no existe lo que se desvela sin “sentido”, sin algún significado, si es que alguien es sensible a ese desvelamiento.

La realidad es, por tanto, significativa, semiótica. El “arjé” de la realidad, la forma de comprenderla, de revelarla o ser revelada, es significativo, es simiótico, interpretable, hermenéutico, y en consecuencia comunicativo.

Si la realidad quiere ser comprendida desde un “arjé”, desde un principio fundante, explicativo del todo, no cerrado y “hermético”, sino interpretable y hermenéutico, ese “arjé” tiene que ser semiótico, significativo.

La realidad semiótica es humana, porque sólo el ser humano es capaz de significación, de hacer comprensible, comunicable la realidad. Cada ser humano vive en una realidad significativa, pero a la vez es compañero de otras realidades que no le son significativas: son no realidades para él, lo desconocido. La no realidad, ya no es sólo lo que no existe, sino también lo que existe, pero no es significativo para mí, lo que no es interpretable, comprensible.

El labrador que recoge en septiembre en sus paneras el cereal que cosechó en agosto está en una realidad distinta a los que están en un centro filosófico leyendo y reflexionando. No son realidades contradictorias, incomunicadas. Algunas partes de la realidad de unos coincide con la realidad de otros, pero son muy diferentes, hasta tal punto que les resultan mutuamente, en su mayor parte, desconocidas. La vida de cada ser humano se cruza en mayor o menor conocimiento, comunicación y significación con la de otros seres humanos.

En ambos casos, y en cualquier caso, el principio o fondo último de comprensión de todo ser humano es el sentido, el significado de lo que comprende, la semiótica de su realidad.

La forma última, celular, de realidad es el signo. Nada de la realidad se escapa al signo. Todo lo que es real es significativo, se reduce a signos.

El signo es un “binomio mágico”.  Binomio, porque es el resultado de dos “pre-realidades“, y mágico, porque nos asombra que todo lo abarca, todo lo engloba… todo lo que toca lo hace significativo, lo hace comunicación.

El signo es por sí mismo, por esencia, por definición, doble, matrimonio, unión de dos. No existe sin conjunción, sin encuentro, sin SYM-BALLO… (lanzamiento de dos partes que se estaban buscando y se encuentran… Eugenio Trías. La Edad del Espíritu).

Y esta intuición del binomio mágico lleva siglos apareciendo: desde Aristóteles con su materia y forma hasta Saussure con su significante y significado. La realidad se comprende y se expresa en la unión, en el encuentro de dos elementos que sólo existen si se juntan.

Este “arjé” comprende la realidad abierta y diacrónicamente existente. Y sólo en teoría sincrónicamente, como si fuera un flash, momento fotográfico, pero no realidad, sino solo imagen de ella.

La realidad entendida desde el “arjé” comunicativo es abierta y también cambiante. El signo, su “arjé” solo existe en el encuentro, en la actualización-revelación que cada ser humano hace de ella. Cada generación de humanos colaboran a cambiar la realidad, pero eso solo es posible porque cada humano en su propia comprensión de la realidad está en permanente situación de alumbrar o descubrir un nuevo aspecto de la realidad, porque el signo no existe como ser-objeto fuera de la realidad comprensible, sino que solo existe como encuentro de dos partes “pre-reales”, y solo hay realidad si está ejecutado, activado el encuentro, que es el alumbramiento, la revelación del signo.

¿Podemos comprender las dos partes “pre-reales” del signo, podemos llegar a comprender lo que todavía no es signo? ¿Qué es eso “pre-real” que activa el signo, que nos revela la realidad, pero que todavía no es real?

Hasta las piedras pueden hablar.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias. Marzo 2011.

Los objetos y los hechos que llamamos culturales, medios de relación y transmisión, son parte la cultura, elementos donde se manifiesta la cultura. Un “móvil” no es la comunicación, pero es un medio a través del cual se da la comunicación. La cultura, lo mismo que la comunicación, es un concepto. Los objetos, los hechos culturales y comunicativos son su concreción, son los que manifiestan la cultura y la comunicación, el ” ente objetivo” de la cultura y la comunicación. Umberto Eco en su Tratado de Semiótica General nos ayuda a comprender que esas concreciones culturales y comunicativas pueden ser entendidas desde el punto de vista semiótico. Pueden ser cultura y comunicación.

Hay tres fenómenos culturales elementales que no tienen aparentemente ninguna función comunicativa:

(a) La producción y el uso de los objetos que transforman la relación hombre-naturaleza; (b) las relaciones de parentesco como núcleo primario de relaciones sociales institucionalizadas; (c) el intercambio de bienes económicos.”

En estos tres fenómenos queremos descubrir los inicios de comportamiento semiótico que deriva en comportamiento comunicativo.

(a). Cuando un ser vivo capaz toma una piedra para romper cualquier cosa, no se puede decir que esté realizando un hecho cultural (recuérdese la fábula del asno al que “le sonó la flauta”). Hay fenómeno cultural cuando…

(i) un ser pensante ha establecido la nueva función de la piedra (independientemente de que la haya usado tal como estaba o de que la haya transformado en una porra puntiaguda); (ii) dicho ser ha DENOMINADO la piedra como “piedra que sirve para algo” (independientemente de que lo haya hecho en voz alta, con sonidos articulados y en presencia de otros seres humanos); (iii) el ser pensante está en condiciones de reconocer la misma piedra o una piedra “igual” a la “piedra que responde a la función F  y que lleva el nombre Y” (aunque no se use nunca la piedra por segunda vez“.

Además es necesario que quien haya usado la piedra por primera vez piense que se puede pasar la información adquirida, por lo que elabora un artificio nemotécnico que relaciona el artificio y la función. La cultura está en establecer la forma cómo se puede repetir la función y transmitir esa información adquirida; dos aspectos netamente comunicativos.

(b) También, en las relaciones ssociales básicas encontramos el elemento semiótico: Por ejemplo en la relación hombre-mujer.

Si las mujeres fueran solo cuerpos con los que los maridos mantienen relaciones sexuales para producir la prole, no se explicaría por qué no puede cualquier hombre copular con cualquier mujer. ¿Por qué existen convenciones que obligan al hombre a escoger una (o más) mujeres, de acuerdo con reglas rigurosas de  elección? Porque el valor SIMBÓLICO de la mujer la coloca en OPOSICIÓN, dentro del sistema, a otras mujeres. En el momento en que se convierte en esposa o se prepara para que la escojan como tal, la mujer deja de ser esclusivamente un cuerpo físico (un bien de consumo), para convertirse en un signo que connota un sistema de obligaciones sociales“.

(c) Al igual ocurre en los sistemas de intercambio de bienes que se dan en la culturaa humana.

” ...es posible considerar el intercambio de bienes como proceso semiótico… pero no porque dicho intercambio suponga intercambio físico, sino porque el VALOR DE USO de los bienes queda transformado en VALOR DE CAMBIO, y se da un proceso de simbolización, definitivamente perfeccionado cuando aparece el dinero, que precisamente está en lugar de otra cosa.

Lo único que diferencia una palabra de una moneda, desdde el punto de vista significante, ess que la palaabra se produce sin esfuerzo económico, y la moneda necesita del esfuerzo económico para avalar la merrcancía que representa.

Repetimos aquí lo que se dijo al principio: no es que se quiera reducir la cultura a comunicación,  es que comunicación y cultura tienen el mismo origen en la semiótica.

Atendiendo a la actualidad: McLuhan el 5 de marzo de 2011.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias. Marzo 2011.

Cuando hace más de dos décadas comencé a estudiar la obra de McLuhan y a espigar aquellas intuiciones que luego me sirvieron de punto de partida para elaborar la sencilla teoría de los Lenguajes Culturales, ya escuchaba que McLuhan estaba trasnochado, que sus ideas ya habían pasado de moda, que para qué estudiar su obra… El medio es el mensaje… los cambios culturales y los cambios de los medios de comunicación…. Y ayer, por ejemplo, porque hay más citas en días anteriores de este año que lleva solo dos meses,  5 de marzo de 2011, sigue haciéndose alusión a las ideas de aquel advenedizo profesor de literatura convertido en analista de los cambios culturales…  Yo creo que no perdí mucho el tiempo leyendo y reflexionando sobre la obra de McLuhan.

El País, 5 de marzo de 2011. Artículo de Jesús Ferrero, escritor.

La cultura impresa y escrita ha entrado en una crisis, impensable hace solo unas décadas. Hay todo un contingente global y muy numeroso de intelectuales que, cada vez más, solo se despliegan en internet.

… Cada vez que recuerdo los escritores que figuraban como esenciales en los libros escolares de mi adolescencia me entran ganas de vomitar. Esa fijación de ideas heredadas y mineralizadas tenía mucho que ver con el universo Gutemberg, que al fijar los textos como si estuviesen tallados en piedra lo ralentizaba todo. Con toda evidencia la imprenta pertenece como artefacto a un mundo que está quedando atrás, y que ha coincidido con la era de la burguesía, desde sus airosos comienzos renacentistas hasta su crepúsculo definitivo…

“... Cuando era chaval y toda la cultura que circulaba estaba relacionada con la galaxia Gutemberg, era difícil imaginar esta crisis del libro y el mundo editorial, si bien McLuhan ya lo había anunciado en varios de sus libros. Estamos cruzando un puente y uno no sabe qué hacer, si volver al cálido mundo Gutemberg, donde todo parecía tan duradero y tan seguro, o saltar al otro lado. De todas formas no tiene que ser un salto mortal, han colocado una red.

McLuhan fue criticado y rechazado en aquellas décadas del siglo XX por los intelectuales progresistas, de izquierdas , y en aquel momento marxistas. Hoy es recuerdo, pero recuerdo positivo, porque de algún modo lo que dijo tiene vigencia en la actualidad. Lo que sigue siendo objeto de debate es la respuesta a sus propuestas, pero no las preguntas: ¿Influye más el medio que el mensaje? ¿Se “come” el medio al mensaje? ¿Desaparecerá la importancia de El Quijote porque el soporte de su edición varíe? ¿Cuántos vomitan recordando la importancia de El Quijote? ¿Cambiará el oficio de escritor en la era digital? ¿Estamos determinados inconscientemente por la técnica? ¿Influyen minimamente en los cambios culturales los contenidos culturales? ¿Está cambiando nuestro cerebro por el influjo de internet y las nuevas tecnologías? ¿No han sido siempre las tecnologías las que han hecho evolucionar al ser humano? Sea cual sea la respuesta, parece que no hay que estar preocupados, porque, aunque los cambios sean “…un salto mortal, han colocado una red“. La modernidad se hizo posmodernidad… después de dos guerras mundiales… ¿La posmodernidad se ha hecho globalización (“aldea global“, idea también de Marshall McLuhan) sin trauma ninguno porque “han colocado una red”? Creo que la posmodernidad todavía no ha acabado, pero no sabemos cómo se llama realmente… ¿solo globalización?

La cultura es el medio que provoca el cambio, la evolución del ser humano. La cultura entendida en su totalidad, medios y contenidos, significantes y significados, materia y forma… La cultura se presenta siempre en un binomio, el binomio mágicoel signo cultural. La cultura está estructurada comunicativamente. pero de esto hablaremos más adelante…

Tal vez el problema no sea confrontar medio y mensaje, sino lograr juntarlos, hacer el signo cultural… hacer el símbolo del ser del límite, como dice Eugenio Trías.